El doctor Jaar, diputado al Congreso Nacional por el departamento de Cortés, reveló en una conversación con Cluster Media uno de los episodios más duros de su vida: el secuestro que sufrió el 10 de agosto de 2009 y que, contó, cambió para siempre su forma de ver la vida, la familia y la fe.
“Fui privado de mi libertad, me secuestraron… estuve 10 días, Orlando, 10 días encerrado con una capucha en la cabeza, yo no vi sol”, relató el parlamentario, al recordar el momento en que salió de su consultorio médico y varios hombres armados lo interceptaron.
Jaar explicó que aquel día terminó su jornada como de costumbre, alrededor de las 5:00 de la tarde.

Diez días de cautiverio, oración y miedo
“De repente un carro adelante, un carro atrás, de repente bajaron como cinco o seis hombres armados, horrible”, dijo.
Según su testimonio, los captores lo cubrieron, lo ataron y lo subieron a un vehículo cuando aún vestía su bata de médico.
Durante el cautiverio, el miedo se convirtió en una carga constante. El diputado recordó que permaneció amarrado y que sus captores lo presionaban mientras exigían dinero a su familia.

“Yo decía: ‘Esto para mí es el final’, porque antes de mi secuestro habían secuestrado a otros y aparecían muertos”, expresó.
En medio de la angustia, Jaar afirmó que se aferró a la oración.
“Me dediqué a rezar a la Virgen, a Jesucristo”, contó, al admitir que cada noche sentía incertidumbre sobre lo que podía ocurrir.
Uno de los momentos más impactantes llegó cuando los secuestradores le pidieron una prueba de vida para enviarla a su esposa.
Según relató el doctor Jaar, sus captores le pidieron que entregara “un pedazo” de su dedo como señal de que seguía con vida.

El médico aseguró que intentó apelar a su condición profesional y humana. “Yo soy médico, algún día puedo atender a tu mamá, a tu esposa”, recordó.
La madrugada del 20 de agosto de 2009, sus captores lo liberaron en la zona de Dos Caminos. Caminó hasta una carretera, una patrulla lo auxilió y luego contactó a su familia.
Jaar dijo que su esposa pagó una suma con ayuda de amigos, aunque nunca conoció el monto. “Cuando fui a ver las cuentas las vi vacías”, cerró.
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