El sarampión es una infección viral que se propaga con facilidad, afectando principalmente a quienes tienen defensas bajas. Sus síntomas incluyen fiebre, erupciones en la piel y tos persistente.
Aunque suele asociarse con la infancia, los adultos también están en riesgo, especialmente embarazadas y personas con sistemas inmunitarios debilitados. Las complicaciones pueden ser serias, como neumonía o inflamación cerebral.
Detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre un caso leve y uno grave. Signos como manchas blancas en la boca y ojos enrojecidos son alerta temprana.
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¿Cuáles son los síntomas del sarampión?
Los primeros síntomas suelen aparecer entre 7 y 14 días después del contagio:
- Fiebre alta (puede superar los 104 °F)
- Tos
- Moqueo o congestión nasal
- Ojos rojos y llorosos (conjuntivitis)
Entre el segundo y tercer día pueden aparecer manchas de Koplik, pequeñas manchas blancas dentro de la boca.
De 3 a 5 días después, se manifiesta el característico sarpullido: puntos rojos que inician en la cara y se extienden por el cuerpo. En esta etapa, la fiebre puede incrementarse aún más.

Complicaciones comunes y graves del sarampión
El sarampión puede derivar en complicaciones como:
- Infección de oído (1 de cada 10 casos en niños)
- Diarrea
- Neumonía (1 de cada 20 niños)
- Encefalitis (1 de cada 1000 casos, puede causar daño cerebral)
- Hospitalización (1 de cada 5 personas no vacunadas en EE. UU.)
- Muerte (1 a 3 de cada 1000 niños infectados)
En mujeres embarazadas, puede provocar parto prematuro o bajo peso del niño al nacer.

¿Quiénes están en mayor riesgo?
- Niños menores de 5 años
- Adultos mayores de 20
- Embarazadas
- Personas con VIH o enfermedades que debilitan el sistema inmune
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