En el sur de Honduras, la falta de lluvia dejó de ser una preocupación para convertirse en una crisis que golpea directamente los alimentos, los ingresos y los medios de vida de cientos de familias.

Comunidades de Namasigüe, Apacilagua y otros sectores del corredor seco de Choluteca enfrentan campos completamente secos, ríos que han perdido su caudal, cultivos destruidos y ganado que comienza a morir ante la falta de agua y alimento.

Lo que antes eran fuentes de agua para consumo, agricultura y ganadería hoy se han convertido, en algunos sectores, en extensiones de tierra seca y agrietada.

La situación amenaza con profundizar la inseguridad alimentaria, pues las familias que dependen de la agricultura y la ganadería están perdiendo precisamente las actividades que les permiten llevar comida a sus hogares.

“No tienen frijoles para poner”

La dimensión de la crisis se refleja en el testimonio de los propios habitantes.

Óscar Betancour, agricultor y ganadero de la comunidad El Naranjo, en Apacilagua, describe el impacto que ha tenido la falta de lluvia en los cultivos.

“De un 100% todos los cultivos se perdieron. Es terrible ver los hogares que están, hay personas que se levantan y no tienen cómo ni prender el fuego, pues para qué lo van a prender porque no tienen frijoles para poner”.

La pérdida no se limita a una cosecha. Para muchas familias significa quedarse sin recursos para comprar alimentos y sin dinero para volver a sembrar.

Miguel Cerrato, vecino de Sansapote, Apacilagua, asegura que nunca había observado un periodo seco de estas características.

Según su relato, han transcurrido alrededor de 10 meses sin lluvias significativas, salvo algunas precipitaciones iniciales que no fueron suficientes para recuperar los cultivos.

La tierra quedó sin cosechas

Los productores de la zona aseguran que las pérdidas alcanzan prácticamente todos los cultivos tradicionales.

El maíz, frijol, maicillo y otros productos agrícolas no lograron completar su ciclo debido a la ausencia de agua.

Incluso terrenos que inicialmente mostraban buenas condiciones terminaron perdiéndose ante la imposibilidad de contar con riego.

La situación representa un duro golpe para comunidades donde la agricultura constituye una de las principales fuentes de trabajo y alimentación.

Julia García, habitante de la zona, expone una de las consecuencias más preocupantes de esta situación: algunas familias ni siquiera tienen alimentos suficientes para preparar sus comidas.

La frase refleja una realidad que va más allá de las pérdidas económicas: la sequía empieza a sentirse directamente en los hogares.

Ríos y fuentes de agua también desaparecen

El problema alcanza a las fuentes naturales que durante años han servido para sostener las actividades productivas.

Uno de los casos mencionados es el río Negro, en el sector de Namacigüe, Choluteca, que anteriormente representaba una fuente importante de agua para las comunidades.

Sus aguas eran utilizadas para la crianza de ganado, el riego de pastizales y cultivos como caña de azúcar, maíz y sorgo.

Ahora, la disminución del recurso hídrico dificulta cada una de esas actividades.

Marcelino Cerrato explica que la situación se ha vuelto especialmente crítica para los animales.

“Hace 10 meses que no llueve, las aguas ya se profundizaron, ya no hay agua también, ¿verdad? Los animales ya están sufriendo mucho, mucho”.

La falta de agua obliga además a los productores a tomar decisiones difíciles, como vender el ganado a precios más bajos antes de que los animales mueran.

Ganaderos prevén fuertes pérdidas

La crisis también comienza a reflejarse en los inventarios de ganado y en la producción de carne y leche.

Mario Argeñal, agricultor y ganadero de Namasigüe, advierte que el impacto podría representar una reducción de hasta 50 % en la producción de carne y leche, acompañada de una disminución similar en los inventarios ganaderos.

Para las familias dedicadas a esta actividad, cada animal perdido significa mucho más que una baja en la producción.

El ganado representa patrimonio, ahorro y una fuente de ingresos que permite cubrir necesidades básicas.

Marcelino Cerrato explica que los productores enfrentan la disyuntiva de vender barato ahora o arriesgarse a perder completamente sus animales si la falta de agua continúa.

“Estamos cayendo en una inseguridad alimentaria”

La preocupación de los habitantes y productores apunta ahora hacia una consecuencia todavía mayor: la falta de alimentos.

Juan Betanco, vecino de la aldea Montecristo, en Namasigüe, describe la situación como una crisis severa.

Mientras tanto, Juan Hernández, productor de Sansapote, relata que algunas personas decidieron sembrar con la esperanza de que las lluvias llegaran, pero finalmente no lograron obtener cosecha.

La incertidumbre aumenta porque las familias dependen directamente del comportamiento del clima para tener trabajo y alimentos.

“Si no llueve, no hay trabajo”.

Esta situación coloca al sur del país ante un escenario donde la recuperación no depende únicamente de que vuelva a llover, sino también de proteger los medios de vida que todavía permanecen en pie.

¿Cuándo podrían regresar las lluvias?

De acuerdo con la información brindada por las autoridades, las expectativas apuntan a que durante la segunda quincena de septiembre podrían presentarse periodos lluviosos más prolongados.

El escenario esperado contempla episodios de lluvia de entre tres y cinco días consecutivos, con acumulados que podrían oscilar entre 20 y 40 milímetros, e incluso alcanzar hasta 60 milímetros en sectores montañosos.

Sin embargo, para comunidades que llevan meses enfrentando condiciones secas, esperar la recuperación natural de las lluvias no es suficiente.

Los productores necesitan agua para los animales, alimentos para las familias y mecanismos que permitan conservar las precipitaciones cuando finalmente ocurran.

Proponen pequeños reservorios para aprovechar el agua

Ante este panorama, César Quintanilla plantea comenzar con acciones que permitan restaurar los suelos y aprovechar cada gota de lluvia que llegue al corredor seco.

La propuesta incluye construir pequeños reservorios que permitan almacenar agua y evitar que las precipitaciones se pierdan rápidamente.

La infraestructura no necesariamente tendría que ser de grandes dimensiones. También se plantea que las propias familias puedan desarrollar mecanismos de captación en sus viviendas utilizando los recursos disponibles.

El objetivo es que el agua pueda permanecer disponible durante los meses secos y contribuir a recuperar progresivamente los suelos.

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Copeco plantea garantizar agua para el ganado

Juan José Reyes, de Copeco, señala que uno de los objetivos es garantizar agua destinada al abrevadero del ganado, de manera que los productores puedan mantener sus animales durante los próximos meses.

La meta planteada es contar con reservas que permitan a las comunidades resistir hasta mayo de 2027, siempre dependiendo de que las condiciones meteorológicas cambien.

El reto, sin embargo, es inmediato: las comunidades necesitan agua ahora y no pueden esperar a que las pérdidas continúen aumentando.

¿Qué necesitan las comunidades del sur?

Las necesidades expuestas por los habitantes y especialistas abarcan diferentes frentes.

No se trata únicamente de llevar agua. También se requiere:

  • Agua potable para consumo humano.
  • Agua para el ganado.
  • Alimentos para las familias afectadas.
  • Apoyo para proteger los cultivos que todavía pueden recuperarse.
  • Recursos para preservar los medios de vida.
  • Construcción de pequeños reservorios.
  • Infraestructura para captar e infiltrar agua.
  • Restauración de suelos afectados por la sequía.
  • Acompañamiento a los productores.

La construcción de infraestructura para retener e infiltrar agua también podría contribuir a recuperar los manantiales y avanzar hacia una agricultura más resiliente y regenerativa.

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Una emergencia que no puede esperar

En Namasigüe, Apacilagua y otras comunidades del corredor seco, la sequía ya está dejando una huella profunda.

Cada cultivo perdido representa menos comida e ingresos. Cada animal que muere significa la pérdida de parte del patrimonio de una familia. Y cada fuente de agua que se seca aumenta la vulnerabilidad de las comunidades.

El desafío ahora es evitar que una crisis agrícola se transforme en una emergencia alimentaria todavía mayor.

La lluvia puede marcar el inicio de la recuperación, pero mientras llega, las familias necesitan respuestas concretas para sobrevivir.

El sur de Honduras enfrenta así una carrera contra el tiempo: llevar agua, garantizar alimentos, proteger al ganado y recuperar los suelos antes de que la sequía termine por borrar las pocas alternativas que aún quedan para cientos de familias.