Nasry 'Tito' Asfura asumirá la presidencia de Honduras este martes 27 de enero, marcando el inicio del período 2026-2030. La ceremonia oficial se llevará a cabo en el Congreso Nacional, en Tegucigalpa, capital del país, donde se espera un acto solemne y centrado en lo institucional.
El protocolo indica que la sesión del Congreso comenzará a las 8:40 a. m., con la juramentación y colocación de la banda presidencial a cargo del presidente del Congreso, Tomás Zambrano, alrededor de las 9:10 a. m. Posteriormente, Asfura dará un discurso de aproximadamente diez minutos.

Los hondureños podrán seguir la investidura en vivo a través de Televicentro y en YouTube, con cobertura completa de la ceremonia. Durante el evento se revelará la composición del Gabinete de Gobierno, aunque varios miembros ya han sido confirmados por el presidente electo. Se prevé que el acto finalice cerca de las 10:00 a. m.
Toma de posesión austera y centrada en lo institucional
A diferencia de anteriores traspasos de mando en el Estadio Nacional, Asfura optó por el Congreso Nacional, priorizando austeridad y simplicidad. La decisión busca reducir gastos y mantener un acto enfocado en la formalidad institucional, sin distracciones ni extravagancias.
La ceremonia contará con la presencia únicamente de diplomáticos acreditados y personalidades nacionales, evitando la asistencia de mandatarios extranjeros. Esta medida refleja un enfoque sobrio y limitado a lo esencial del protocolo oficial.

María Antonieta Mejía, designada presidencial electa, destacó que la investidura seguirá un perfil pragmático y sin excesos. Figuras destacadas de la política y la sociedad hondureña acompañarán al presidente, reforzando la intención de un acto sencillo y formal.
Asfura reemplaza a Xiomara Castro, la primera mujer en ocupar la presidencia de la República, quien gobernó con el partido Libre. Hasta ahora, Castro no ha reconocido públicamente a su sucesor, y a diferencia de lo que Asfura hizo en 2021, no ha habido contacto entre ambos.
El presidente electo mantiene firme su intención de que la toma de posesión sea discreta y práctica, reflejando su enfoque en prioridades gubernamentales más que en ceremonias ostentosas.
Este formato austero marca un contraste con anteriores investiduras, poniendo énfasis en la institucionalidad y la transparencia en la transición de poder.
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